Pilar Rioja, danza
El telón limita la vista aún, las luces encendidas y como en fiesta de gente pudiente en película gringa, se oyen las pláticas traducidas a murmullos, con el aroma que ofrecen las risas femeninas, elegantes y moduladas, sólo falta el chisquito de las copas de vidrio; cierras los ojos y los imaginas en smoking y vestidos de noche, todos en el magnánimo teatro representativo del barroco en la región. Pero el culto es otro al snob y los tiempos han cambiado, el ambiente es lagunero, con mezclillas y blusas elegantes, abanicos contra el calor sofocante, mostachos grises y barrigas señoriales, sólo uno que otro joven.
-Segunda llamada-
Pilar Rioja, la que le teme a la muerte pero no a la edad. Pilar la que nombra a México con su danza española. Pilar Rioja.
Se escuchan ruidos tras el escenario, se están preparando, los pies contra el suelo elevado al público y un arco de piedra grabada, que de seguro cuenta una historia que no se puede reconocer a simple vista.
Los murmullos se convierten en cuchicheo, el público aumenta, lo sabes porque lo escuchas. Los asientos se han llenado.
Son las veinte horas con treinta minutos; la impuntualidad mexicana nunca se hace del rogar para asistir a los eventos, eso o el reloj engaña. No importa, Pilar se presenta, nada más importa, mas que verla bailar porque Rioja se despide.
-Tercera llamada-
El principio: las luces descansan de iluminar el teatro.
-Aún cuando fue anunciada como una despedida, no lo será…nuestra Pilar Rioja… Gracias Pilar por darnos tu talento, tu arte y parte de tu vida.
Aplausos. Y en el mismo escenario donde la niña comenzó a danzar, aparece la mujer completa que es ahora. En vestido blanco comienza su música de persecución, suelo contra zapatilla, palma contra palma y las guitarras de fondo.
Cervantes se regocija en el otro mundo y la guitarra de García Lorca ya no sangra, aunque la toquen, sana ante la belleza escénica, ante una mujer sonriente y magnánima, con la espalda semidescubierta y con unos pies sin límites.
Zapatea Pilar que se sienta México en España y España en México, que si con tu nacionalidad y herencia no basta, entonces danza. Baila con tus tambores de tacón y de manos, y las guitarras que por su cuenta también deleitan.
El espectáculo avanza y la voz lastimosa de un hombre vestido de negro, sin más descripción, comienza. Y la artista anda sin pena, pero con piernas firmes, Pilar como un ángel teñida en luz azul, luego Rioja encandilando con vestido rojo.
La voz del hombre vuelve –No hay pluma, ni tintero pa’ escribirle…-.
Menéate Pilar, con tu vestido negro, menéate sirena en tu traje que envuelto te da aletas, que se expande y te da alas. Mueve esos pies como sólo tu sabes hacerlo, imprimiendo energía contra el suelo y ritmo entre las palmas de las manos. Nos faltaron castañuelas.
El equipo de seis hombres, con cuatro guitarras, un canta-flauta y otro canta-percusión, le sonríen a la artista y la miran fijamente, la sienten y siguen sus pies, ahora es Pilar de malva y lila. Ahora Pilar se despide.
El público se levanta y chifla, aplaude y grita, no, no quieren que se vaya la artista, así que no se va y danza otra vez, no, todavía no basta, Rioja vuelve una vez más y termina su danza.
Pilar se despide con unas rosas en la mano y la Laguna también se despide con el corazón ilusionado por volver a ver a tan bella artista.
Gira de Despedida Pilar Rioja. Teatro Isauro Martínez.
28 de mayo 2008

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