Las cosas parecen menos complicadas desde la ventana. Desde dentro. Encerrada en mi cajita, la recámara de la casita que me pertenece, la que mantengo con las persianas medio abiertas y un sillón donde me apoyo para ver el cielo medio nublado, las estudiantes que platican y, mientras cargan sus mochilas contonean sus cortas faldas entabladas; los coches estacionados, las ventanas tétricas de la casa misteriosa de enfrente. El tiempo libre puede ser devastador.
Las cosas parecen menos complicadas desde la ventana, tal vez por eso veo tanto televisión. El aparatito ese es una gran-pequeña ventana. Pero es al revés, porque ahí no miro desde la cajita sino hacia la cajita. Puedo ver todo el mundo con pulsar los botones correctos. “Esas cosas nos están dejando pendejos”. ¿Qué pasaría si la televisión fuese una ventana? Verían mi cuarto de cortinas y sábanas rojas, los peluches y ropa sucia tirados, la puerta adornada. No verían mis libros, ni mis zapatos, tampoco el dibujo que guardé aquella tarde. Se reirían y dirían que sus vidas son menos complicadas, que la mía es devastadora, porque nunca estoy en mi cuarto y cuando estoy sólo miro a la cajita… aburrida.
Voy a tirar mi televisión.
Las cosas parecen menos complicadas desde la ventana, tal vez por eso veo tanto televisión. El aparatito ese es una gran-pequeña ventana. Pero es al revés, porque ahí no miro desde la cajita sino hacia la cajita. Puedo ver todo el mundo con pulsar los botones correctos. “Esas cosas nos están dejando pendejos”. ¿Qué pasaría si la televisión fuese una ventana? Verían mi cuarto de cortinas y sábanas rojas, los peluches y ropa sucia tirados, la puerta adornada. No verían mis libros, ni mis zapatos, tampoco el dibujo que guardé aquella tarde. Se reirían y dirían que sus vidas son menos complicadas, que la mía es devastadora, porque nunca estoy en mi cuarto y cuando estoy sólo miro a la cajita… aburrida.
Voy a tirar mi televisión.
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